Crecer y vivir desde tu verdad. Basado en un texto de Jeff Foster

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Crecer y vivir desde tu verdad. Un punto clave en todo camino de crecimiento personal

Un punto clave en todo camino de crecimiento es ser honestos con nuestro pasado para soltarlo desde la autenticidad y dejarnos de auto-engaños que nos debilitan y no nos permiten vivir desde nuestra propia verdad y fuerza.

 

Basado en un texto de Jeff Foster, en este post hablamos sobre la verdad interior, o lo que el terapeuta Guillermo Borja llamaba la «verdad sana».  Llegamos a la verdad cuando al manifestarse sentimos un alivio en nuestra experiencia, somos fieles a lo que vivimos, y no acusamos ni nos acusamos.


El texto de Jeff Foster acerca de «tu» verdad:

Para comenzar, me gustaría citar a Jeff Foster:

“He visto ocurrir milagros cuando la gente simplemente dice la verdad.

No la verdad “linda”, no la verdad que busca complacer o reconfortar, sino la verdad cruda. La verdad salvaje. La verdad que no conviene. La verdad tántrica. La “maldita” verdad.

La verdad que tienes miedo de decir. La horrible verdad acerca de ti mismo/a que escondes para “proteger” a otros, para evitar ser “demasiado”, para evitar ser avergonzado/a o rechazado/a, para evitar ser visto/a. La verdad de tus sentimientos más profundos: la rabia que has estado disimulando, controlando, que no has permitido ser.

Los terrores de los que no quieres hablar, los impulsos sexuales que has intentado adormecer, los deseos básicos que no soportas expresar. Finalmente, las defensas se caen, y este material “peligroso” emerge desde lo profundo del inconsciente. No puedes retenerlo más. La imagen del “buen chico” o la “buena chica” se evapora, “el perfecto”, el que “ha sabido resolverlo todo”, el “evolucionado”, todas estas imágenes arden. Tiemblas, sudas, sientes que vas a vomitar, piensas que podrías morir al hacerlo, pero finalmente dices tú maldita verdad. La verdad de la que estás profundamente avergonzado/a.

No la verdad abstracta, no la verdad “espiritual”. No una verdad diseñada con palabras buscadas cuidadosamente para prevenir la ofensa. No una verdad cuidadosamente empaquetada, sino una verdad desordenada, intensa, desaliñada. Una verdad sangrienta, apasionada, provocativa, sensual, sin domar ni pintar, mortal. Una batida, pegajosa verdad que te hace sudar, vulnerable.

La verdad sobre cómo te sientes,

La verdad que permite que otra persona te vea sin esconderte.

La verdad que hace al otro quedarse sin aliento.

La verdad que hace que tu corazón palpite con fuerza. Esta es la verdad que te hará libre.

jeff foster
jeff foster

He visto depresiones crónicas y ansiedades que habían sido de por vida, disiparse de la noche a la mañana. He visto cómo traumas profundamente incrustados se han evaporado, he visto cómo fibromialgias, migrañas de toda la vida, fatigas crónicas, dolores de espalda insoportables, tensiones corporales, desórdenes del estómago, han desparecido sin nunca más volver.

Por supuesto, los “efectos secundarios” de la verdad no son siempre tan drásticos. Y no damos un paso hacia nuestra verdad con un resultado en mente.

Pero piensa en la inmensa cantidad de energía que requiere reprimir y silenciar nuestra salvaje naturaleza animal. Reprimir nuestro enojo, nuestras lágrimas, nuestro terror, sostener una falsa imagen y aparentar estar “bien”.

 Piensa en toda la tensión que sostenemos en nuestro cuerpo, Y el daño que ocasiona a nuestro sistema inmune cuando vivimos con el miedo de “salir a la luz”. Toma el riesgo de decir tu verdad. La verdad que tienes miedo de decir. La verdad que temes que haga que el mundo se acabe. Encuentra una persona segura, un amigo, un terapeuta, un consejero, o tú mismo/a, y permíteles entrar. Permíteles sostenerte mientras te quiebras, permíteles amarte mientras lloras, te enojas, tiemblas de miedo, haces un lío. Contar tu maldita verdad a alguien podría salvarte la vida, sanarte bien desde lo profundo, y conectarte con la humanidad en formas que nunca has imaginado».

 

Escrito por Jeff Foster

Acerca de «la verdad sana»

Este texto de Jeff Foster permite introducir que la verdad sana, como decía el terapeuta Guillermo Borja. Y que todo proceso de madurez implica reconocer la verdad de un modo claro sin minimizarla o maquillarla, ni exagerarla o dramatizarla. El tener una visión clara nos permite vivir de un modo honesto y real.

Todos hemos vivido el efecto liberador de manifestar nuestra verdad ya sea a un amigo, a nuestra pareja, a un jefe, a nuestros padres, …La mentira innecesaria o el ocultamiento nos tensa y no nos permite un buen vivir. En el autoengaño no somos fieles a nuestra experiencia y nos retorcemos entre la verdad y la mentira, entre el dolor y la pomada. Si algo te duele pues te duele, y si algo te gustó, pues te gustó.

En la verdad podemos descansar de lo que fue y de lo que no fue, de lo que es y de lo que no es.

Un punto clave en todo camino de crecimiento es ser honestos con nuestro pasado para soltarlo desde la autenticidad y dejarnos de autoengaños que nos debilitan y no nos permiten vivir desde nuestra fuerza.

Una buena manera de contactar con nuestra verdad última…

Una buena manera de contactar con nuestra verdad ultima es recrudecer nuestras opiniones iniciales respecto a algo o alguien. Este ejercicio es especialmente útil para ese tipo de personas que minimizan su dolor y su experiencia, los que llamo “los minimizadores”. Estas deben subir su tono energético y expresivo, en cambio “los maximizadores” deben rebajar un poco la carga que ponen en su vivir. Al subir y bajar nuestra intensidad podemos encontrar el punto medio, y el camino del medio suele ser el más sabio y el que aporta una visión más real.

Ejemplos de recrudecimiento de nuestra experiencia:

  • “Mi padre nos trató mal” a “mi padre me maltrató y abusó de mi”
  • “Me molesto un poco lo que me dijo Juan” a “Juan no es nadie para decirme lo que me dijo”
  • “Mi trabajo ya no me gusta tanto” a “estoy harto de mi trabajo, ya no puedo más”

Ahora estas en el territorio de la verdad, del cual surge lo auténtico y la «responsabilización» de nuestra vida.

Llegamos a la verdad cuando al manifestarse sentimos un alivio en nuestra experiencia, somos fieles a lo que vivimos, y no acusamos ni nos acusamos. El hecho es que te sentiste o sientes así. Los hechos son los hechos. Y desde los hechos no nos podemos neurotizar mucho, a menos que te apetezca volver a auto-engañarte. El auto-engaño parece gratis pero su coste es el no crecimiento personal. Al contactar con la verdad propia sí es necesario atender, gestionar y cuidar lo que vivimos sea acompañados de un terapeuta o por alguien de nuestra plena confianza.

Dedicado a mi parte minimizadora…

 

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