Terapia, auto-descubrimiento y gestión del cambio

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¿Qué revolución necesitas iniciar en el 2017?

Ya estamos a fin de año y aprovechamos para reflexionar sobre la gestión del cambio en la terapia, y enfocar aquello que deseamos iniciar en este 2017 que se aproxima. No nos referimos a un proceso de reajuste mínimo, nos referimos a una verdadera revolución que, con prudencia, te permita transitar un nuevo año con ilusión.  

Terapia, auto-descubrimiento y gestión del cambio

A veces en la vida sentimos que hay cosas que no nos encajan pero, desde el estrés cotidiano, tenemos poco margen para sentarnos y meditar qué es necesario cambiar de un modo claro y concreto, y entramos en un proceso de reajuste mínimo que no es suficiente. La inercia es muy fuerte.

El contexto de terapia cumple esta función de stop y de contemplación de la propia vida, antes de accionar. El profesional de la ayuda nos facilita un proceso de auto-descubrimiento y de reflexión de nuestras necesidades. Es un espacio que permite salir de nuestro cotidiano y plantearse, con la ayuda de un terapeuta, qué es realmente necesario de cambiar y qué no, para tomar nuestra capacidad de gestionar una transición. El acompañamiento terapéutico nos facilita la gestión del cambio, iniciar acciones coherentes y sostener los movimientos de cambio.

Si no estamos cómodos con las dinámicas que vivimos, caemos en una resignación silenciosa que, a veces, se transforma en depresión, desazón vital, crisis, tristeza, pesimismo, amortecimiento,…

Los cambios genuinos implican una toma de conciencia, que será facilitada por la terapia individual. Los cambios pasan por decidir desde la coherencia y la autenticidad. Y son las decisiones las que nos hacen sentir nuestro poder.


Me parece ejemplificador el cuento Revolución de Slawomir Mrozek (Polonia, 1930):

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.

Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.

Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.

Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.

Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.

La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.

Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.

Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.

Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la  vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.

Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.

Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.

De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.

Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.

Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

Revolución” de S. Mrozek. Perteneciente a la obra «La vida difícil».


Sólo viviremos una vez, no tengas una revolución pendiente contigo mismo/a. Es cuestión de diseñarla y de llevarla a cabo con ilusión, prudencia y con tu fuerza interior. Quizás puedas aprovechar el cambio de año para llevarla a cabo.

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