De la empatía a la ecpatía

ecpatía

En este post, Jordi Gil, psicólogo y terapeuta Gestalt, nos habla sobre la ecpatía: qué es, por qué puede ser complementaria con la empatía, y cuáles son los obstáculos que se encuentran las personas para ser ecpáticas.

La ecpatía y sus sinónimos

La empatía en psicología es una habilidad humana que nos permite acercarnos a la experiencia del otro, es un “ponerse en el lugar del otro”, pudiendo aproximarnos a su forma de sentir, pensar y percibir una situación.

Este ponerse en el lugar de la otra persona es importante que no nos quite de nuestro lugar, es lo que yo llamaba usualmente en mis sesiones de terapia Gestalt: “y si también empatizas contigo mismo?”. El nombre técnico de esta autoempatia o autoconciencia de las propia experiencia, deseos y necesidades es la ecpatía la cual comportaría “ponerse en el propio lugar”.

¿Qué es la ecpatía?

La ecpatía es un término propuesto por el doctor y catedrático en Psiquiatría José Luis González de Rivera, este nuevo concepto permite compensar posibles riesgos de la empatía como la exclusión de los propios sentimientos, el olvidarse de uno mismo, el contagio o secuestro emocional inducido, consciente o inconscientemente, por los demás.
Ambas cualidades, empatía y ecpatía son necesarias en las interacciones humanas.
La ecpatia es un proceso de atención interna que nos permite poner atención en no fusionarnos y no dejarnos llevar por la experiencia, deseos y necesidades del otro. Nos protege de una posible manipulación emocional por parte de los demás y no caer en el olvido de sí, impidiendo que lo ajeno nos arrastre de lo propio y así no perdernos en lo que no es nuestro. Aplicada en su justa medida, evita procesos manipulativos, maltrato psicológico, deterioros relacionales y el estrés emocional innecesario.

 

Empatía y ecpatía

La empatía y la ecpatia son complementarias, me pongo en mi lugar y en el del otro, y desde allí decido y gestiono situaciones cuidando de mi bienestar reconociendo también si es compatible con el bienestar del otro. Esta complementariedad es sinónimo de salud.
Es un recurso personal que nos permite involucrarnos con los demás de un modo sano y conectado a nuestra experiencia.
Esta habilidad humana, conectar con nuestra propia experiencia, validarla, cuidarla y defenderla, es aprendida o no según el acompañamiento de nuestros cuidadores y de su salud mental, existen personas que tienen un mayor o menor acceso, según la calidad del acompañamiento inicial de nuestros cuidadores, y de posteriores decisiones personales que se han tomado por el camino.

Desarrollar la ecpatía: 13 obstáculos

Para acceder a nuestra capacidad de ecpatía se pueden presentar algunos obstáculos, a continuación comparto los 13 más comunes:

  1. Los caracteres que dan demasiada importancia al otro, cuando mi autovaloración pasa por la validación del otro, me es más fácil desconectarme de mí mismo y por lo tanto más difícil desarrollar la ecpatía.
  2. Personas que responden con el mecanismo defensivo de la adulación, en situaciones que perciben conflictivas, tal como comenté en el post sobre las personas complacientes
  3. Los individuos que tienen carencias afectivas desde la infancia o han sufrido trauma de abandono es más fácil que abandonen su propia experiencia.
  4. La baja autoestima alimenta la empatía tóxica, es decir aquella en la que me pierdo a mi mismo.
  5. A veces se percibe el autocuidado como egoísmo, con la cual se boicotea que el cuidarse no es ser egoísta.
  6. Las víctimas de maltrato parental o escolar normalizan, como mecanismo de supervivencia, que su experiencia no sea relevante y tienen más obstáculos para desarrollar la ecpatía.
  7. El pensamiento polar o extremo bascula entre la empatía máxima y la ecpatía total, entre la confluencia y el narcisismos, sin encontrar un punto medio conciliador y compatible.
  8. Las personas confluyentes, tendientes a lo fusional, se fusionan con su propia experiencia o con la del otro, “ya no se quién soy yo ni porque fui adonde me dijo Mónica”
  9. El miedo a ser egoísta, narcisista, mala persona,…dificulta el colocarse en el propio lugar para desarrollar la ecpatía sin que eso despierte un demonio interno que me dice “eres una mala persona”.
  10. Ser víctimas de padres, amigos, hermanos o grupos que nos hicieron sentir malos por tener deseos o necesidades propias que quizás no encajaban con la normativa parental o grupal.
  11. Las personas adictas a la intensidad, “no sé si es cosa mía o de ella, pero me gusta que sea todo intenso”…
  12. Individuos a quienes les sea difícil contactar con su experiencia o tengan miedo a sus emociones o impulsos.
  13. Personas que son fanáticos de la empatía, bondad, del amor romántico y desde allí se pierden y se descuidan.

Estas dificultades son resultado de traumas anteriores que dificultan una relación sana y natural con la propia experiencia, desde estas secuelas post traumáticas es difícil priorizar de un modo sano el propio bienestar, “te digo que no aunque esto te enfade o te entristezca”, el sí a uno mismo a veces es un no al otro.

 

Aprender a ser ecpático/a en terapia

La ecpatía nos permite reequilibrar nuestra bondad básica, cuidar de nuestra inocencia, responsabilizarnos de nuestra experiencia, deseos y necesidades, poner límites de un modo sano, no caer en relaciones tóxicas, cuidar de nuestro niño herido. Facilita un retorno al yo esencial, y conectar con nuestros derechos de nacimiento ( confianza, calma, curiosidad, coraje, claridad, conexión, compasión, creatividad y coherencia) y con nuestro derecho a decir no, o a irnos de una situación si algo nos duele o simplemente nos apetece irnos.

La ecpatia se practica y se aprende, permite reapropiarse de lo propio, a través de un proceso de terapia o psicología la persona adquiere una mayor atención a su experiencia, y recursos que la facilitan la responsabilidad y la gestión de las situaciones por las que va transitando.

 

 

 

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