Crisis, angustia y terapia para adultos

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Una cuestión importante que aparece en las sesiones de terapia individual, sobretodo en personas adultas, entre 35 y 45 años, es la conciencia de muerte, el darse cuenta de que quizás y solo quizás han vivido más de lo que les queda por delante.

En 2014 la esperanza de vida española subió hasta llegar a 83,30 años. La de las mujeres fue de 86,20 años y la de los hombres fue de 80,40 años.

En este momento de la vida adulta, la muerte ya no es solo una idea.

Este darse cuenta básico, despierta nuestras angustias fundamentales, a veces viene dada por algún hecho como el nacimiento de un hijo/a, un duelo, o la muerte de alguien cercano, o simplemente por el cumplimiento de años. Esta crisis nos llevará a otra etapa de nuestra vida.

¿Para qué sirve la terapia ante la angustia de muerte?

La conciencia de muerte es importante que se encaje y se metabolice, no que se convierta en una fuente constante de angustia o de acciones erráticas (desde ser infiel o dejar un trabajo para irse a vivir al Amazonas).

Las sesiones de terapia para adultos permiten dar un espacio a la crisis y que la angustia de muerte no inunde toda la vida de la persona, sino que nos lleve a capitanear nuestra vida con más sentido, protagonismo y autoprotección.

La gran terapeuta Suzy Stroke contaba que nacemos con dos certezas, una es que moriremos y la otra es que no sabemos cuándo. Ante este abismo la persona debe desarrollar una actitud que le permita sostener el vacío que plantean estas dos certezas, y poder vivir la vida con el máximo sentido y plenitud.

Una reflexión importante es que, igual que la no-presencia de la conciencia de muerte me ayudó a desarrollarme en la primera mitad de la vida, la conciencia de ella también me permitirá desarrollarme como adulto, en la segunda mitad.

 

Se trata de habitar y tomar la vida, como casi siempre la única salida es vivir el presente y tomar conciencia de qué es lo importante a nutrir, qué es aquello que no quiero que se me pase por alto.


“Considero a la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No sé a dónde me llevará, porque no sé nada. Podría considerar esta posada una prisión, porque estoy compelido a aguardar en ella; podría considerarla un lugar de sociabilidad, porque aquí me encuentro con otros. No soy, sin embargo, ni impaciente ni vulgar. Me siento a la puerta y embebo mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje, y canto lento, para mí solo, vagos cantos que compongo mientras espero.

Para todos nosotros caerá la noche y llegará la diligencia. Disfruto la brisa que me conceden y el alma que me han dado para disfrutarla, y no me interrogo más ni busco. Si lo que deje escrito en el libro de los viajeros pudiera, releído un día por otros, entretenerlos también durante el viaje, estará bien. Si no lo leyeran, ni se entretuvieran, también estará bien.”

Pessoa


 

No te olvides de ella, ni te obsesiones con ella, aprende a vivir con ella.

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